DE LA EDAD Y LA CARRERA
Si usted imagina la vida en forma rectangular estará de acuerdo en que se nace y se muere y para ello hay fechas respectivas. No hay mucho que decir allí. Pero si usted imagina la vida dentro de un círculo, ella rueda y usted allí no sabe a dónde irá, es la lógica de lo caótico, el destino, el azar o cual sea su deseo imaginarlo. Distintas maneras de sentir que avanzamos en años nos revela el cuerpo: velocidad, lentitud, aventura, experiencia, fatiga, agotamiento, energía; en fin, es el cuerpo el receptor de lo que tal círculo va construyendo. Un cuerpo entrenado hasta el límite estará en mejores condiciones de resistencia a la fatiga que otro sin entrenar, luego el asunto pasa por ese verbo: entrenar. Saber esto deja por fuera a la edad como obstáculo para entrenarse con miras a hacer una carrera. Afortunadamente la medicina deportiva está en auge y hoy estas ideas no son una novedad. Lo que parece ventajoso con la experiencia frente a los jóvenes es el cuidado de cuidar el cuerpo de las lesiones, en consecuencia el cuerpo requiere cuidados que la edad y la experiencia van registrando dentro de una idea circular de la vida. Recuerdo un texto escrito por un corredor profesional: Chema Martínez: No pienses, corre. Allí dice esto: <Cuando salgo a entrenar, encuentro a mucha gente por la calle que me dice: "Yo entreno cinco veces a la semana, hago treinta minutos de carrera en cada sesión y no mejoro". Claro, así no lo lograrán; para experimentar progresos debes exigirte un mínimo que se puede fijar en los cuarenta minutos de carrera continua. Solo a partir de este tiempo son más evidentes los avances> P.23. De nuevo es el verbo entrenar con ciertas condiciones donde hay que hurgar, no en la edad. En otra entrega daré pistas de mi propia experiencia.
lunes, 12 de octubre de 2015
domingo, 2 de agosto de 2015
Buerdeaux /31/07/15
El corredor y la tolerancia
Tolerar es un verbo que sólo tiene sentido cuando se dice el lugar desde donde se nombra. Frente a alguien que no corre, pero fanático de opinar de todo, no tiene sentido hablar de originalidad y tolerancia.
Pero es que usted no tiene oficio conocido? me dice alguien cada vez que paso frente a su casa. Estoy tentado a decirle que esa es mi tarea para sentir de cerca la vida, como la de 'el es ir a su iglesia a contar sus penas buscando el consuelo en Dios ausente de comunicación.
El corredor y la tolerancia
Tolerar es un verbo que sólo tiene sentido cuando se dice el lugar desde donde se nombra. Frente a alguien que no corre, pero fanático de opinar de todo, no tiene sentido hablar de originalidad y tolerancia.
Pero es que usted no tiene oficio conocido? me dice alguien cada vez que paso frente a su casa. Estoy tentado a decirle que esa es mi tarea para sentir de cerca la vida, como la de 'el es ir a su iglesia a contar sus penas buscando el consuelo en Dios ausente de comunicación.
Mejor que nadie siento que correr es un acto de locura, pero es que acaso no lo es la existencia? De allí que la vida se mida por la forma de enfrentar la muerte, yo escojo la gallardía antes que el lamento.
Ciertos médicos recomiendan contra la depresión tomar psicofármacos y dormir mucho. Cómo ignoran qu'e es la depresión? tampoco saben que subir una montaña inclinada y de aproximadamente 600 metros, varias veces, estimula al cuerpo a cambiar su lenguaje de crisis depresiva.
Nacido viejo?
A mis anos contemplo a ciertos individuos jubilados de la vida: Dicen que con los anos se aprende a vivir con tranquilidad. Cierto escalofrío siento ante esa conseja decadente: sentir la vida es vivir su movimiento.
Correr un maratón de 42 kmt es abusar del cuerpo y de la edad, oigo decir a vecinos de mi generación. Pero que otra cosa puede uno esperar cuando sabe que hay seres nacidos ya viejos y fatigados?
Mi avanzada edad arroja una certeza quizás única: el cuerpo y sus músculos están hechos para grandes esfuerzos, uno de ellos correr largas distancias> El asunto es saber cuál es el momento y el entrenamiento donde hace falta ponerlo a prueba, tal como pasa con el cerebro y las ideas.
Ciertamente que algo de sufrimiento adquiere el cuerpo en la carrera, también la existencia cruel y caótica le otorga tal malestar. En ambos casos se aprende, sólo que el sufrimiento del corredor es algo necesario para exigirse m'as y allí eso es una opción, mientras que lo caótico viene de la sociedad y condición social.
Una condición, de tantas, para ser cristiano es amar a tu enemigo y por eso lo del perdón. Para ser corredor es necesario soportar el asfalto y la fatiga del cuerpo. Tal es nuestro amor y perdón que no perdemos el 'animo para correr, incluso en nuestros sueños.
Hubo ciertos momentos donde escribir sobre una página en blanco me parecía una tortura y a la vez algo importante para mi espíritu. Ahora pienso cuando corro o me entreno en las subidas que las ideas necesitan ser respiradas antes, no para emborronar cuartillas o escribir frases complacientes a alguien, sino invitándome a combinar palabras con sudor y cansancio, es all'i donde siento a mi espíritu.
lunes, 13 de julio de 2015
DEL CORREDOR Y SU VIVIR
Ignoro si soy un místico, es decir un un ser que envidia la libertad de los dioses.
Hasta ahora me conformo con sentir la vida, porque es eso: un sentir, fluyendo entre mi corazón y mis piernas.
El valor de mi cuerpo no depende tanto de su estética, valor que carece de acuerdo universal pues cada quien la ve en el lugar que le de su real gana, sino de su capacidad para regular el sudor cuando el Dios sol lo cubre.
Sin esa cualidad llega la sequedad como a cualquier animal agonizante.
Ante cierta tradición cultural que privilegia lo sedentario como estilo de vida frente a la muerte me pregunto: ¿Para qué pensar en la Parca cuando se anda sobre el asfalto o se sube una montaña? Con seguridad ella siempre está al lado de nuestro cuerpo, más adelante, atrás; en fin, también ella se mueve.
De Diógenes, el Cínico, aprendí que cualquier cuneta del camino es un lugar para morir. Según él, importaba mucho si eso se diera que cualquier perro viniera y se comiera el corazón del moribundo. De esa manera la reencarnación estaría asegurada y de nuevo se volvería a ser libre andando por las calles con ese nuevo cuerpo. No por nada el perro era el símbolo querido de esos filósofos.
Si le preguntamos a un corredor ¿Cuál es su situación más incómoda al correr? , nos dirá que perros y conductores abusadores. Valdría la pena que la idea anterior se lea con más frecuencia.
El espectador en la calle mira al corredor como algo raro, sobre todo en naciones donde la cultura de la carrera es escuálida. El asunto es que esa mirada es a veces muestra de ignorancia que sólo cambia cuando se cambia de lugar, es decir de espectador a corredor.
En cada momento en el que pienso en la carrera y el correr intuyo la dificultad de hacerle trampas al cuerpo, allí la ética la dicta mi cuerpo junto a mi espíritu: él es esa verdad donde habito y siento mi cotidianidad con emoción y sin tristeza.
Despertarme cada mañana es sentir que mi cuerpo fue diseñado para el reposo y el movimiento. A mi me agrada más lo segundo.
¿Pero usted corre para vivir y durar más, recuerde que todos vamos a morir?, le escuché a alguien de la calle decirme con cierta ironía idiota. En el momento no me vino a la memoria ninguna respuesta, sólo el recuerdo de alguna lectura de Nietzsche donde éste guiñaba el ojo, vino en mi ayuda y seguí de largo.
Ignoro si soy un místico, es decir un un ser que envidia la libertad de los dioses.
Hasta ahora me conformo con sentir la vida, porque es eso: un sentir, fluyendo entre mi corazón y mis piernas.
El valor de mi cuerpo no depende tanto de su estética, valor que carece de acuerdo universal pues cada quien la ve en el lugar que le de su real gana, sino de su capacidad para regular el sudor cuando el Dios sol lo cubre.
Sin esa cualidad llega la sequedad como a cualquier animal agonizante.
Ante cierta tradición cultural que privilegia lo sedentario como estilo de vida frente a la muerte me pregunto: ¿Para qué pensar en la Parca cuando se anda sobre el asfalto o se sube una montaña? Con seguridad ella siempre está al lado de nuestro cuerpo, más adelante, atrás; en fin, también ella se mueve.
De Diógenes, el Cínico, aprendí que cualquier cuneta del camino es un lugar para morir. Según él, importaba mucho si eso se diera que cualquier perro viniera y se comiera el corazón del moribundo. De esa manera la reencarnación estaría asegurada y de nuevo se volvería a ser libre andando por las calles con ese nuevo cuerpo. No por nada el perro era el símbolo querido de esos filósofos.
Si le preguntamos a un corredor ¿Cuál es su situación más incómoda al correr? , nos dirá que perros y conductores abusadores. Valdría la pena que la idea anterior se lea con más frecuencia.
El espectador en la calle mira al corredor como algo raro, sobre todo en naciones donde la cultura de la carrera es escuálida. El asunto es que esa mirada es a veces muestra de ignorancia que sólo cambia cuando se cambia de lugar, es decir de espectador a corredor.
En cada momento en el que pienso en la carrera y el correr intuyo la dificultad de hacerle trampas al cuerpo, allí la ética la dicta mi cuerpo junto a mi espíritu: él es esa verdad donde habito y siento mi cotidianidad con emoción y sin tristeza.
Despertarme cada mañana es sentir que mi cuerpo fue diseñado para el reposo y el movimiento. A mi me agrada más lo segundo.
¿Pero usted corre para vivir y durar más, recuerde que todos vamos a morir?, le escuché a alguien de la calle decirme con cierta ironía idiota. En el momento no me vino a la memoria ninguna respuesta, sólo el recuerdo de alguna lectura de Nietzsche donde éste guiñaba el ojo, vino en mi ayuda y seguí de largo.
martes, 7 de julio de 2015
¿POR QUÉ <EL CORRE CAMINOS>?
Más que razones el título está cargado de intuiciones, subjetividades y emociones que desde la niñez uno arrastra y que sin embargo por tal o cual razón abandona en la medida de cómo pasa sobre nosotros el tiempo. Porque a decir verdad, es el tiempo el Dios que mide y es medido, tal y como lo percibe el nombre Hombre de Protágoras: <la medida de todas las cosas> Andar y desandar caminos: eso es el vivir. Es un Blog que aspira mostrar aquello que el cuerpo percibe cuando es sometido a los rigores de una carrera o caminar en subidas y bajadas, tal como la arquitectura de la existencia está diseñada. Será un esfuerzo por interpretar dentro de nosotros y fuera de ello aquello que los médicos y entrenadores muchas veces sólo lo saben por contacto, tal como nos toca con la juventud al momento del ocaso. La carrera y el caminar con esfuerzo prolongado no es más que un discurso agónico buscando síntomas de vitalidad. Es curiosos eso pues Agón en Latín es lucha, combate, prueba. De allí agonía y dolor que nunca faltan en esas actividades. Según F. Nietzsche, uno de los pensadores que me inspiran en el vitalismo, las ideas vienen caminando. Correr, en mi intuición primera, sería algo así como triturar ideas sobre el asfalto, pues si algo pasa en esa tarea es la oportunidad única para pensar mientras uno se abstrae de lo mundano. Fue machado, el poeta, quien dijo, entre otras cosas: <caminante, no hay camino, se hace camino al andar> En efecto, toda carrera empieza con algo sencillo: dar el primer paso. Ese primer paso involucra a todo el cuerpo, pero destacan en ello las piernas y el corazón. Es allí donde emociones y dolores se combinan para intentar disuadirte para que no vayas que, mejor es la silla o la cama. Está también el asfalto, la pista sintética, la tierra de los terrenos marginales y montañosos. Todo eso como ambiente es importante para el primer paso, también árboles, ríos, aves y otros animales, la lluvia, el sol, la gente y lo que a veces son adversarios desagradables: perros sin dueño y conductores de autos que se creen dueños de la vía. A decir verdad: pienso que me comprendo cuando mis pies devoran el asfalto, pues antes de eso el instante es aburrimiento, dejadez, pereza. Con esas palabras me siento abandonado por los dioses.
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