DEL CORREDOR Y SU VIVIR
Ignoro si soy un místico, es decir un un ser que envidia la libertad de los dioses.
Hasta ahora me conformo con sentir la vida, porque es eso: un sentir, fluyendo entre mi corazón y mis piernas.
El valor de mi cuerpo no depende tanto de su estética, valor que carece de acuerdo universal pues cada quien la ve en el lugar que le de su real gana, sino de su capacidad para regular el sudor cuando el Dios sol lo cubre.
Sin esa cualidad llega la sequedad como a cualquier animal agonizante.
Ante cierta tradición cultural que privilegia lo sedentario como estilo de vida frente a la muerte me pregunto: ¿Para qué pensar en la Parca cuando se anda sobre el asfalto o se sube una montaña? Con seguridad ella siempre está al lado de nuestro cuerpo, más adelante, atrás; en fin, también ella se mueve.
De Diógenes, el Cínico, aprendí que cualquier cuneta del camino es un lugar para morir. Según él, importaba mucho si eso se diera que cualquier perro viniera y se comiera el corazón del moribundo. De esa manera la reencarnación estaría asegurada y de nuevo se volvería a ser libre andando por las calles con ese nuevo cuerpo. No por nada el perro era el símbolo querido de esos filósofos.
Si le preguntamos a un corredor ¿Cuál es su situación más incómoda al correr? , nos dirá que perros y conductores abusadores. Valdría la pena que la idea anterior se lea con más frecuencia.
El espectador en la calle mira al corredor como algo raro, sobre todo en naciones donde la cultura de la carrera es escuálida. El asunto es que esa mirada es a veces muestra de ignorancia que sólo cambia cuando se cambia de lugar, es decir de espectador a corredor.
En cada momento en el que pienso en la carrera y el correr intuyo la dificultad de hacerle trampas al cuerpo, allí la ética la dicta mi cuerpo junto a mi espíritu: él es esa verdad donde habito y siento mi cotidianidad con emoción y sin tristeza.
Despertarme cada mañana es sentir que mi cuerpo fue diseñado para el reposo y el movimiento. A mi me agrada más lo segundo.
¿Pero usted corre para vivir y durar más, recuerde que todos vamos a morir?, le escuché a alguien de la calle decirme con cierta ironía idiota. En el momento no me vino a la memoria ninguna respuesta, sólo el recuerdo de alguna lectura de Nietzsche donde éste guiñaba el ojo, vino en mi ayuda y seguí de largo.
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