martes, 7 de julio de 2015

¿POR QUÉ <EL CORRE CAMINOS>?
Más que razones el título está cargado de intuiciones, subjetividades y emociones que desde la niñez uno arrastra y que sin embargo por tal o cual razón abandona en la medida de cómo pasa sobre nosotros el tiempo. Porque a decir verdad, es el tiempo el Dios que mide y es medido, tal y como lo percibe el nombre Hombre de Protágoras: <la medida de todas las cosas> Andar y desandar caminos: eso es el vivir. Es un Blog que aspira mostrar aquello que el cuerpo percibe cuando es sometido a los rigores de una carrera o caminar en subidas y bajadas, tal como la arquitectura de la existencia está diseñada. Será un esfuerzo por interpretar dentro de nosotros y fuera de ello aquello que los médicos y entrenadores muchas veces sólo lo saben por contacto, tal como nos toca con la juventud al momento del ocaso. La carrera y el caminar con esfuerzo prolongado no es más que un discurso agónico buscando síntomas de vitalidad. Es curiosos eso pues Agón en Latín es lucha, combate, prueba. De allí agonía y dolor que nunca faltan en esas actividades. Según F. Nietzsche, uno de los pensadores que me inspiran en el vitalismo, las ideas vienen caminando. Correr, en mi intuición primera, sería algo así como triturar ideas sobre el asfalto, pues si algo pasa en esa tarea es la oportunidad única para pensar mientras uno se abstrae de lo mundano. Fue machado, el poeta, quien dijo, entre otras cosas: <caminante, no hay camino, se hace camino al andar> En efecto, toda carrera empieza con algo sencillo: dar el primer paso. Ese primer paso involucra a todo el cuerpo, pero destacan en ello las piernas y el corazón. Es allí donde emociones y dolores se combinan para intentar disuadirte para que no vayas que, mejor es la silla o la cama. Está también el asfalto, la pista sintética, la tierra de los terrenos marginales y montañosos. Todo eso como ambiente es importante para el primer paso, también árboles, ríos, aves y otros animales, la lluvia, el sol, la gente y lo que a veces son adversarios desagradables: perros sin dueño y conductores de autos que se creen dueños de la vía. A decir verdad: pienso que me comprendo cuando mis pies devoran el asfalto, pues antes de eso el instante es aburrimiento, dejadez, pereza. Con esas palabras me siento abandonado por los dioses.

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